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Beneficios de los plaguicidas

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¿Qué pasaría si estuviéramos rodeados de cucarachas, ratones y zancudos? ¿Lo has pensado?

En el planeta tierra existen millones de especies animales entre los que se encuentran los arácnidos, los insectos, los zancudos, los roedores y un sin fin de “bichos”. Estos son benéficos para ciertos ecosistemas y en su hábitat natural se desenvuelven muy bien. Sin embargo, cuando llegan a nuestros hogares, lugares de trabajo o a los cultivos, pueden causar problemas.

Las picaduras de los zancudos, las mordeduras de arañas o de las ratas, pueden no solo generarnos dolor, sino también alergias o enfermedades con las que no queremos lidiar. Tampoco quisiéramos encontrar en nuestro plato una manzana llena de gusanos o contraer una enfermedad por una bacteria que ha quedado en algún alimento que ha tenido un ataque de plagas.

Muchos se convierten en un problema

No hay problema si tenemos un zancudo en la casa, encontramos una hormiga que quiere comerse nuestro pan o un gusano que está habitando nuestra mazorca. El problema viene cuando es demasiado tarde y estos insectos, arácnidos o roedores se han multiplicado y han invadido nuestro hogar, lugar de trabajo o plantación.

Para defendernos y evitar una invasión o ataque de plagas, se hace necesario seguir pautas de prevención y control. La higiene, limpieza y orden hacen parte de una fase de prevención y son esenciales para que no nos acechen estos animales que pueden afectar nuestra tranquilidad.

Además, una revisión constante de los espacios que habitamos puede garantizar que hay pocas probabilidades de que un animal (insecto, roedor, arácnido, entre otros) tenga planes de volverse un inquilino más y reproducirse para aumentar su familia.

Si ya es demasiado tarde y los animales han invadido nuestro hogar, será necesario realizar un control químico y acudir a los plaguicidas para controlarlos y evitar que se dispersen o causen graves problemas de salud.

Cómo nos benefician los plaguicidas

Los plaguicidas son productos que ayudan a repeler y controlar las plagas en la vida cotidiana, la salud pública o la agricultura. Con un buen uso y teniendo en cuenta siempre las recomendaciones de cuidado, los plaguicidas nos benefician porque:

  • Evitan la transmisión de enfermedades, bacterias y virus que pueden propagarse con insectos, roedores u otros animales que puedan afectar nuestro entorno.
  • Previenen la proliferación de animales en entornos que son seguros para los humanos.
  • En la agricultura, evitan que se pierda hasta el 40% de las cosechas por ataque de plagas, malezas y enfermedades. Son una de las herramientas que usan los agricultores.
  • Contribuyen a la producción de alimentos más seguros sin ataques de plagas que puedan generar la proliferación de hongos y bacterias.
  • Protegen a los humanos de ataques de insectos y otras plagas
  • Previenen invasiones de plagas en lugares público evitando problemas de salud pública como enfermedades.

Es necesario leer y seguir las instrucciones de la etiqueta cada vez que se utilice un plaguicida. Esta es la guía en donde se encuentra la forma de usarlo, las recomendaciones a seguir en cada aplicación y los beneficios que ofrece en cuanto al control de plagas.

 

  

La Importancia de lavar tus alimentos

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A la hora de alimentarnos no sólo debemos fijarnos en qué consumimos, sino también la forma en cómo lo hacemos.

Seguramente has ido de compras al mercado y de repente te has antojado de una fruta. Y muy seguramente, no le has visto nada de malo en consumirla así, sin lavar. Este error que todos hemos cometido alguna vez en la vida, y puede ser la causante de diversas enfermedades o reacciones adversas.

Una de ellas es el brote o alergia llamada ‘listeriosis’, una infección que se presenta por ingerir alimentos contaminados con listeria; una de las tantas bacterias que están en el medio ambiente.

Además de la listeria, existen otros parásitos y virus que contaminan los alimentos frescos, algunos de ellos vienen del mal compostaje del estiércol bovino que se usa como fertilizante en algunos cultivos orgánicos, las aguas residuales con las que se riegan los cultivos y el contacto de estos, con animales e insectos, o la mala higiene en el transporte de las cosechas hasta los supermercados y nuestra casa.

Las superficies, el aire e incluidas las manos humanas, que entran en contacto con productos enteros o cortados, son otras vías de contaminación en el sistema de cultivo, cosecha, empaque, procesamiento, envío y preparación de productos para el consumo.

¿Cómo lavar los alimentos?

Todas las frutas y vegetales se deben lavar con agua y limpiar con una servilleta antes de ingerirlos. Así eliminas virus, bacterias y residuos de los insumos utilizados en el campo que pudieron quedar en las frutas o vegetales.

Dependiendo de la firmeza y el tamaño del alimento, se recomienda que los productos se froten bajo el agua con las manos o un cepillo limpio. Si prefieres puedes dejarlos por unos minutos en un recipiente con agua y un poco de bicarbonato de sodio.

No es necesario que se usen detergentes o jabones para limpiarlos, no está demostrado que estos sean más efectivos que la simple agua.

Otros consejos de limpieza son:

  • Desechar las hojas exteriores de los alimentos como la lechuga y el repollo.
  • Pelar los productos que se requieran como los duraznos o las manzanas.
  • Limpiar los alimentos con toallas húmedas de papel para reducir las bacterias.

Los alimentos que vayas a consumir y deban pelarse o cortarse, debes consumirlos de inmediato. Una vez cortados, éstos empiezan a decolorarse, oxidarse y ponerse flácidos por la pérdida de agua. Si permites estos cambios físicos en tus alimentos cortados, empezarán a crecer microorganismos de descomposición que pueden afectar tu salud.

No olvides tomar medidas de limpieza en tus alimentos, manipularlos y procesarlos con las manos y utensilios limpios, de esta forma garantizas tu seguridad alimentaria y la de tu hogar.

 

Fuentes:

http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1043452609570040?via%3Dihub

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/16496573

http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0956713514003405

http://aem.asm.org/content/70/11/6420.long

http://npic.orst.edu/faq/fruitwash.html

http://www.ct.gov/caes/cwp/view.asp?a=2815&q=376676

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2640071/

10 mega mitos a la hora de mercar

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Articulo publicado en el  Washington Post el 24 de Julio del 2017
Por: Jenna Gallegos

La mayoría de nosotros no pasamos nuestros días arando campos o lidiando con el ganado. Somos parte del 99 por ciento de los estadounidenses que comen comida, pero no la producen. Debido a nuestra relación íntima con la comida, y porque es tan importante para nuestra salud y el medio ambiente, la gente debería estar muy preocupada por cómo se produce. Pero no siempre lo tenemos claro. La próxima vez que estés en el supermercado, considera estos 10 mitos modernos sobre la ocupación más antigua.

1. La mayoría de las granjas son propiedad de corporaciones

Este mito es probablemente el más omnipresente de la lista. También es el más alejado de la realidad. Casi el 99 por ciento de las granjas de Estados Unidos son de propiedad familiar. La gran mayoría de éstas son pequeñas granjas familiares, pero la mayor parte de nuestra comida proviene de grandes granjas familiares.

2. La comida es cara

Los estadounidenses gastan un porcentaje considerablemente menor de sus ingresos en alimentos de lo que gastaban en la década de 1960. El gasto de alimentos de los estadounidenses está entre los menores valores a nivel global como porcentaje de sus ingresos. Gastamos menos de nuestro dinero en comida que la gente en muchas otras naciones desarrolladas.

Entre el 10 y 20 por ciento del costo de los alimentos llega realmente al agricultor. Eso significa que cuando los precios de los productos básicos suben o bajan, los costos de los alimentos se mantienen relativamente constantes, amortiguando para los consumidores los picos en sus facturas de comestibles.

Eso no quiere decir que para algunos hogares estadounidenses los alimentos no sean de difícil costeo, y los expertos en nutrición y obesidad se preocupan por el costo relativamente alto de los alimentos ricos en nutrientes versus los densos en calorías.

3. La agricultura es tradicional y de baja tecnología

Los automóviles auto dirigidos están todavía fuera del alcance de los consumidores, pero algunos tractores se han estado manejando a sí mismos en las granjas durante años. Y conducir tractores no es el único papel que el GPS (sistema de posicionamiento global) juega en una granja. Los agricultores recolectan datos geoespaciales para monitorear variaciones a través de un campo en el tipo de suelo, el uso de agua y nutrientes, la temperatura, el rendimiento de los cultivos y más. El agricultor promedio en la Red de Negocios de los Agricultores, una plataforma similar a la de los medios sociales para analítica de la finca, recoge alrededor de cuatro millones de puntos de datos cada año. La inteligencia artificial ayuda a ordenar todos estos datos y maximizar el rendimiento dentro de un campo.

Las semillas que plantan los agricultores también son cuidadosamente elaboradas por años de investigación de vanguardia para maximizar el rendimiento y la eficiencia. La secuenciación de genes y los marcadores moleculares ayudan a rastrear los mejores rasgos al momento de criar nuevos cultivos. Los mutágenos químicos y la radiación aceleran la evolución mediante la introducción de nuevas mutaciones. Y la ingeniería genética permite a los científicos mover genes entre especies o desactivar los genes de características indeseables.

Las granjas orgánicas no son necesariamente de menos alta tecnología. A excepción de la ingeniería genética, todas las tecnologías anteriores mejoran los rendimientos en muchas granjas orgánicas certificadas por el USDA (Departamento de Agricultura de los Estados Unidos).

Con toda esta tecnología entrando en las granjas modernas, la demanda de trabajadores calificados en el sector agrícola también está aumentando. En 2015, el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos informó que los empleos en los sectores de la alimentación y la agricultura superan en número a los títulos otorgados en esos campos por casi dos a uno. De esas oportunidades de trabajo, el 27 por ciento está en ciencia, tecnología, ingeniería o matemáticas.

Es por eso que yo me cambié de una carrera enfocada hacia la medicina por la biología vegetal en mis estudios para mi doctorado. Yo me crie en una comunidad de granjas y estancias en las llanuras secas del este de Colorado. Allí, los márgenes estrechos impiden que muchos granjeros inviertan en las tecnologías más nuevas, así que yo quise ayudar a hacer mejores semillas más asequibles.

4. Un plaguicida es un plaguicida es un plaguicida

Plaguicida es un término genérico para una gama de compuestos. Diferentes clases apuntan a ciertos tipos de plagas: herbicidas para malezas, fungicidas para hongos, insecticidas para insectos, rodenticidas para roedores. Algunos matan muy específicamente. Por ejemplo, ciertos herbicidas afectan solamente a las plantas de hoja ancha, pero no a las gramíneas. Otros cruzan categorías, como ciertos insecticidas que también pueden dañar animales más grandes en dosis altas.

Los plaguicidas combaten insectos y malezas en campos orgánicos y convencionales. La diferencia es que los pesticidas orgánicos no pueden ser sintetizados artificialmente. Esto no significa necesariamente que sean menos tóxicos. La toxicidad depende del compuesto específico y la exposición de una persona a ese compuesto. Algunos pesticidas, especialmente los más viejos, son tóxicos en niveles relativamente bajos. Otros son seguros incluso a dosis muy altas. Los plaguicidas también difieren en la rapidez con que se descomponen en el medio ambiente.

Diferentes regulaciones se aplican a diferentes pesticidas. Para comprar algunos productos químicos agrícolas se requieren permisos, y muchos granjeros llaman a consultores de los cultivos para diagnosticar problemas en un campo y prescribir el tratamiento apropiado.

5. Los agricultores orgánicos y los agricultores convencionales no se llevan bien

Las fincas adyacentes tienen que cooperar independientemente de cómo manejan sus cultivos. Por ejemplo, los herbicidas potencialmente dañinos aplicados a un campo pueden derivar hacia los cultivos de un vecino. Las malezas o los insectos mal manejados también pueden propagarse de un campo a otro.

Pero muchas familias de agricultores de hecho cultivan de forma orgánica y convencional en diferentes campos. La agricultura orgánica y convencional son modelos de negocio diferentes. Por lo general, cuesta más cultivar orgánicamente, pero los agricultores pueden vender estos cultivos por una prima más alta. Algunos cultivos son más fáciles de cultivar orgánicamente que otros dependiendo del tipo de plagas que enfrentan. El que un cultivo dado pueda ser cultivado con más sostenibilidad por métodos convencionales u orgánicos también difiere por cultivo y por región.

6. Un OGM es un OGM es un OGM

Los agricultores y los científicos de las plantas encuentran frustrante el término “OGM”, u organismo genéticamente modificado. Hay muchas maneras de modificar genéticamente un cultivo dentro y fuera de un laboratorio. Sin embargo, el término OGM y las regulaciones que lo acompañan se restringen a tipos particulares de ingeniería genética.

La ingeniería genética es una herramienta que puede utilizarse de muchas maneras diferentes. La técnica ha producido papayas resistentes a virus, granos que pueden sobrevivir a la aplicación de herbicidas, calabazas desagradables para los insectos y manzanas que no se ponen marrones. Cada uno de estos rasgos puede llevar a resultados muy diferentes. Por ejemplo, los cultivos resistentes a los herbicidas permiten un mayor uso de ciertos herbicidas, mientras que los cultivos resistentes a los insectos permiten a los agricultores utilizar menos insecticidas.

Cada uno de los cultivos transgénicos para alimentos que actualmente están o pronto estarán en los anaqueles en los Estados Unidos (estos incluyen canola, maíz, papaya, soja, calabaza, remolacha azucarera, manzanas y papas) han sido probados individualmente para su seguridad. Conjuntamente, esta investigación abarca dos décadas y casi 1.000 estudios por diversas organizaciones independientes de todo el mundo.

7. Sólo la carne etiquetada “libre de hormonas” está libre de hormonas

Ninguna carne está libre de hormonas, porque los animales (y las plantas) producen hormonas naturalmente. El uso de hormonas añadidas está prohibido en todas las operaciones de carne de cerdo y de pollo. Hormonas como el estrógeno se pueden utilizar para ayudar a que las vacas alcancen el peso de mercado más rápidamente, pero el hombre promedio produce decenas de miles de veces más estrógeno todos los días que la cantidad encontrada en una porción de carne de una vaca tratada con hormonas. Para una mujer embarazada, esa cifra está en los millones.

8. Sólo la carne etiquetada “libre de antibióticos” está libre de antibióticos

Toda la carne en su tienda de comestibles está libre de antibióticos. Un animal tratado con antibióticos no puede ser sacrificado hasta que los fármacos se hayan quitado de su sistema. La etiqueta “sin antibióticos añadidos” o “criado sin antibióticos” significa que el animal fue criado sin nunca recibir ningún antibiótico. El uso excesivo de antibióticos en animales que en realidad no han sido diagnosticados con una infección bacteriana, fomenta la resistencia a los antibióticos y es una importante preocupación en salud pública. Por otro lado, renunciar a un tratamiento con antibióticos si un animal está enfermo sería inhumano. Las etiquetas indicando que “no se añadieron sub-terapéuticos” o que “no se les alimento con antibióticos” significan que los antibióticos sólo se usaron cuando era necesario.

9. Los alimentos etiquetados “naturales” se producen de manera diferente

Las etiquetas de alimentos naturales en realidad no significan nada. No todavía, de todos modos. La FDA (administración de alimentos y drogas) tomó comentarios del público el otoño pasado y va a deliberar si se debe regular “natural” en las etiquetas de los alimentos en el futuro. Dónde trazar la línea entre lo natural y no natural es una decisión difícil, y muchos expertos argumentan que es irrelevante, porque la naturalidad no es una indicación de la calidad o la seguridad.

10. Los químicos son la mayor amenaza para la seguridad alimentaria

Los contaminantes biológicos son, por mucho, el problema más común de la seguridad alimentaria. Bacterias nocivas como E. coli, salmonella o listeria, virus y parásitos pueden contaminar la carne o los productos perecederos. La cocción completa, la limpieza y el almacenamiento adecuado de los alimentos son la mejor defensa contra estos patógenos. Para las verduras crudas, el lavado puede reducir, pero no eliminar, la amenaza de exposición. Ciertos vegetales crudos, como los fertilizados con estiércol y los que crecen en condiciones cálidas y húmedas, como los brotes de alfalfa, son de un riesgo mayor. Enfermedades como la enfermedad de las vacas locas también pueden ser un problema de seguridad alimentaria, pero sólo en casos extremadamente raros.

Los productos químicos llegan a los alimentos mucho menos frecuentemente. Éstos incluyen las micotoxinas que son producidas naturalmente por hongos, contaminantes industriales o metales pesados que se encuentran naturalmente en los suelos. El Departamento de Agricultura supervisa los alimentos para detectar residuos de plaguicidas anualmente y por su último informe, “los residuos de plaguicidas en los alimentos analizados se encuentran en niveles por debajo de los límites de tolerancia establecidos por la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. (EPA) y no plantean ningún problema de seguridad.”

Plaguicidas en nuestra vida

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El control de plagas en casa, en las ciudades y en el campo es fundamental para mantenernos sanos y asegurar que los alimentos lleguen a nuestra mesa.

Un herramienta clave para este control, son los plaguicidas, los cuales están presentes en nuestra vida, más de lo que nos imaginamos.

Los hay naturales y de síntesis química, y nos ayudan a controlar desde roedores en las ciudades, pasando por mosquitos en los rellenos sanitarios hasta llegar a las distintas plagas que afectan las cosechas en el campo.  

Los alimentos que consumimos diariamente, deben competir por sobrevivir con 30.000 especies de malas hierbas, 3.000 especies de gusanos y 10.000 especies de insectos.

Y es que en el mundo, se pierde cada año entre 30 y 40% de las cosechas por plagas,  malezas o enfermedades.

Así, el cuidado de un cultivo pasa por sembrarlo en suelos con nutrientes, garantizar riego suficiente, monitorearlo diariamente para detectar plagas y controlarlas antes de que infesten el cultivo.

También las plantaciones  se deben proteger del viento y sol extremos, realizar las labores de poda y recolección a tiempo y proteger la cosecha para que llegue a la ciudad en buenas condiciones, entre muchas otras labores que incluyen las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA’s).

Control de plagas para alimentos sanos

Para prevenir y controlar las plagas los productores agrícolas diseñan un plan de Manejo Integrado de Plagas, MIP, tan importante como su plan de negocios para asegurar que su inversión y esfuerzo concluirán con una buena cosecha.

El MIP es un plan de prevención, observación y control de las plagas que incluye control cultural, biológico y químico de las plagas.

Ante la presencia de plagas que pongan en riesgo la cosecha, el agricultor puede elegir entre un plaguicida natural o un plaguicida de síntesis química.

Los plaguicidas naturales son mezclas de extractos vegetales que tienen componentes tóxicos que ayudan a controlar insectos, hongos y malezas, y se usan sobre todo en la agricultura orgánica.

Algunos ejemplos de este tipo de plaguicidas naturales son los ajíes, pimientos y ajos que tienen acción insecticida, la canela o el azufre que actúan como fungicida, para mencionar algunas de las sustancias utilizadas en la agricultura orgánica, la cual, produce un porcentaje mínimo de los alimentos en el mundo, en EEUU se estima que menos del 1% del total de la producción de alimentos proviene de este tipo de agricultura.

Por otro lado, los plaguicidas de síntesis química son diseñados industrialmente, utilizados ampliamente en la agricultura convencional desde la década del 50.

Son moléculas que exigen entre 8 y 10 años de investigación y desarrollo, producidos por una industria altamente tecnológica, que registra avances y mejoras diariamente y una de las más reguladas del mundo.

En ambos casos, los plaguicidas de síntesis química o natural, son sustancias que permiten proteger los cultivos de plagas, malezas o enfermedades, y así garantizar una suficiente producción de alimentos y otros bienes agrícolas.

Ojalá pudiéramos producir los alimentos que necesitamos sin necesidad de agroquímicos, plaguicidas o productos fitosanitarios, pero mientras tanto es la solución más segura que conocemos.  

 

Fuentes consultadas:

http://teca.fao.org/read/8629

https://www.eii.uva.es/organica/qoi/tema-12.php

http://www.fao.org/fileadmin/templates/agphome/documents/Pests_Pesticides/Code/Code_Spanish_2015_Final.pdf

Un pequeño peligroso al acecho de la salud humana

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El jején, como es conocido en Colombia, o arenilla, como lo llaman en Ecuador, por solo mencionar algunas de sus denominaciones en la región, es el principal transmisor de la leishmaniasis, una de las enfermedades más antiguas de las que se tiene registro. Menciones suyas datan del año 650 A.C.

Conocida en Asia como úlcera oriental, este mal conlleva desde síntomas como úlceras cutáneas que cicatrizan espontáneamente, hasta formas fatales como inflamación del hígado y del bazo. Hay tres variedades de la leishmaniasis:  visceral, cutánea mucocutánea.

Esta enfermedad no afecta solo a humanos y también está presente en perros y animales salvajes como liebres, zarigüeyas y coatíes, quienes contribuyen a su dispersión aunque son portadores asintomáticos del parasito.

Las primeras menciones en la historia de está enfermedad aparecen en Alkanun Fi El-Tebb, libro de medicina de origen árabe que data del  año 1037. Allí explican los síntomas y características de la patología y la llaman como úlcera de Balkh, una región afgana donde los brotes aún son comunes.

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En la Conquista de América estos mosquitos transmisores de enfermedades también jugaron un rol central. Durante los siglos XV y XVI, conquistadores como Francisco Pizarro tuvieron contacto con la enfermedad en las selvas húmedas del Perú y Ecuador.

El principal vector de las  Leishmaniasis, el Jején, es un insecto de la familia de los  Psychodidae, y se encuentran en los climas templados y calientes del mundo. Donde la humedad esté entre el 40 y el 70 %  hay condiciones ideales para su desarrollo.

No superan los 2 o 3 mm de grandes y su cuerpo está cubierto por pelo. Su ciclo de vida es incluye entre 3 y 4 semanas en su paso por la fase de de huevo, larva y pupa.

Ya en su fase adulta viven aproximadamente 30 días. Los adultos se alimentan de néctar de las plantas y frutas pero es la  hembra quien en su fase de gestación requiere del consumo de sangre.

Es importante resaltar, que a pesar de la alta difusión que tiene el Jején a nivel mundial, existen diversas formas de combatir la enfermedad de leishmaniasis. Actualmente se ha descubierto una molécula llamada la miltefosina, responsable de combatir activamente y de manera muy efectiva la enfermedad.

Por aspectos como insalubridad y desinformación este tipo de enfermedades continúan afectando a diferentes países, especialmente aquellos en los que la pobreza y la carencia de políticas públicas enfocadas en la prevención, son latentes.

Es de vital importancia informar a las comunidades vulnerables para evitar esta patología y utilizar plaguicidas bajo el direccionamiento de expertos para evitar percances.

Además existen métodos distintos al químico para combatir esta plaga, una de ellas son los dispositivos eléctricos, los cuales por medio de la luz atraen y electrocutan a los insectos ayudando a controlar la plaga.

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